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El presidente Brasileño Lula da Silva con una bandera en la mano izquierda y la Constitución en la mano derecha
Lula da Silva en Río de Janeiro, el día anterior a las elecciones (© Ricardo Stuckert/ CC BY-SA 4.0)

Derrotamos a Bolsonaro, falta derrotar el bolsonarismo

29 oct 2026Brasil: No han pasado ni 48 horas desde la histórica victoria del presidente Lula, y el candidato derrotado, Flávio Bolsonaro, ya huyó a Estados Unidos. Escapando, bajo el amparo de Donald Trump, del juicio y la posible prisión por los delitos de corrupción de los que se le acusa —y para los que existen numerosas pruebas—.


Aún no habían pasado dos días desde la victoria de la democracia, y la Coordinación de los Pueblos Indígenas de Brasil informaba de que indígenas guaraní kaiowá en Mato Grosso del Sur estaban siendo asesinados por personas que no aceptan el resultado de las elecciones. Tras las elecciones, también llegaron noticias de actos de violencia brutal desde otros lugares del país. Partidarios de Bolsonaro golpearon y asesinaron a personas que votaron a Lula.

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También se han difundido —y siguen difundiéndose— noticias de que empresarios partidarios de Bolsonaro están acosando y despidiendo a empleados de izquierdas o que han declarado haber votado a Lula. Hasta ahora, la Fiscalía del Trabajo ya ha recibido más de 900 denuncias en este sentido, incluidos testimonios de empresarios que animan a elaborar y difundir listas con nombres de personas o empresas de izquierdas para que se boicoteen sus trabajos y negocios. Un déjà vu de la Alemania nazi, cuando se marcaban los comercios y propiedades de los judíos poco después de la llegada de Hitler al poder en la década de 1930.

El bolsonarismo es el fascismo a la brasileña. Es golpista, cobarde y violento, como otras ideologías totalitarias. Es, sobre todo, resentido, porque sus representantes —gente corriente que está en las calles— no se conforman con el avance de políticas sociales que ofrecen una reparación histórica a indígenas, personas negras, personas con discapacidad, mujeres y personas LGBTQUIAPN+. Los bolsonaristas no odian a Lula. Odian la libertad y la autonomía que las personas que siempre han sido oprimidas han conquistado bajo los gobiernos de izquierda. 

El bolsonarismo añora los 358 años de esclavitud que marcan tristemente los 526 años de historia de Brasil. Quiere recuperar la posibilidad de explotar a los trabajadores pagándoles poco o nada, de someterlos a condiciones degradantes y de silenciarlos cuando reclaman mejores condiciones laborales. No está de más recordar que, a principios de este año, la ONU aprobó una resolución que reconoce la trata transatlántica de africanos esclavizados como el crimen más grave jamás cometido contra la humanidad. El bolsonarismo tiene el odio como causa y el crimen como método.

Hemos derrotado a Flávio Bolsonaro, pero aún queda por derrotar, cuanto antes, el bolsonarismo. No será una tarea sencilla, lo sabemos, pero las calles y las redes sociales ya han demostrado que es posible.

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Tres semanas antes de la votación de la segunda vuelta, una ola de movilización del campo democrático, iniciada por los estudiantes, llenó Brasil de manifestaciones callejeras y de debates constructivos en los hogares y en los bares, en las tertulias entre amigos, en las paradas de autobús y en las comidas familiares. La movilización de millones de personas ha conectado, tanto en el mundo digital como en el analógico, redes de solidaridad y colectividad, uniendo en un mismo camino a artistas, estudiantes, políticos, gestores públicos, trabajadores, académicos, empresarios y miembros de organizaciones de la sociedad civil —a quienes Flávio, en su programa de gobierno, ya preveía vigilar y restringir, tal y como hizo su padre cuando fue presidente.

Gracias a la ola democrática que resurgió e iluminó el país tras la victoria de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta, el 25 de octubre, día de las elecciones, las redes sociales se llenaron de imágenes esperanzadoras de personas mayores, personas con discapacidad, con movilidad reducida, en silla de ruedas, llevadas por familiares y amigos, en camillas, con oxígeno, que acudían a ejercer, con ánimo y alegría, su derecho democrático a votar y a garantizar un país que respete las diferencias.

Funcionó

La movilización de la izquierda en las calles ha vencido. Y vencerá, siempre y cuando no nos desmovilicemos, siempre y cuando seamos colectivos y solidarios, siempre y cuando conozcamos las sombras del pasado para no repetirlas en el presente. 

 

Artículo de nuestro colega brasileño Felipe Duran, desde Brasil, sobre las elecciones en el país sudamericano

  1. Variante ampliada de las siglas para nombrar la diversidad de orientacionessexuales e identidades de género. Las siglas y el significado de algunas letras pueden variar según el país o elgrupo. No hay una versión universal. 

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