Las plantaciones industriales de árboles son desiertos verdes
Plantar árboles es algo positivo y lleno de simbolismo, pero un conjunto de árboles no es un bosque. Cada vez más, se sustituyen los bosques naturales, ricos en especies, con plantaciones industriales de madera tras la tala rasa. Este tipo de reforestaciones son monocultivos. Y no equivalen a los bosques naturales porque carecen de funciones vitales y de biodiversidad. Tampoco ejercen servicios ecosistémicos como suelos fértiles, ciclo del agua y regulación climática.
Los bosques son ecosistemas naturales complejos formados durante millones de años. Están compuestos por miles de especies animales, vegetales y hongos, que mantienen entre sí interacciones infinitas. La diversidad genética de especies y la variedad de ecosistemas, los hace únicos.
Muy a menudo, se denomina «bosques» a las plantaciones forestales industriales de eucalipto, pino o teca. Sin embargo, son monocultivos pobres en especies y hostiles para la vida. A menudo, para lograr sus fines comerciales de obtención rápida de madera, se destruyen bosques y ecosistemas naturales.
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¿Por qué los monocultivos forestales no son bosques y son tan destructivos?
Destruyen la biodiversidad
Para crear plantaciones de árboles, se talan ecosistemas ricos en especies, bosques llenos de vida; las superficies se nivelan con excavadoras y se rocían con herbicidas que esterilizan el suelo. De este modo, se destruye la diversidad biológica y genética de forma irreversible, agravando la extinción global de especies.
En todo el mundo hay +60.000 especies de árboles diferentes.
Actualmente 8056 especies de árboles están clasificadas como amenazadas en la Lista Roja.
De las cuales, 1400 se encuentran en peligro crítico de extinción.
Los promotores de las plantaciones forestales se centran en una única especie de árbol de crecimiento rápido -eucaliptos, acacias, pinos o caucho exótico-, que se plantan en cuadrículas y filas interminables.
En la Península Ibérica abundan este tipo de monocultivos forestales de eucaliptos y pinos que no son bosques ni constituyen ecosistemas verdaderos, ya que solo unas pocas especies pueden sobrevivir en ellas.
En cambio, los bosques de hayas de Europa Central albergan unas 4.300 especies de plantas y hongos y más de 6.000 especies animales.
Eliminan la diversidad genética
A menudo se trata de árboles clonados. «Clonados» significa que las plántulas se producen en un laboratorio a partir de células genéticamente idénticas. Se optimizan para obtener árboles diseñados en función de intereses económicos: crecimiento ultrarrápido, troncos largos y rectos sin ramas y copas pequeñas. De este modo, la diversidad genética de las especies arbóreas va desapareciendo.
Empresas como el grupo Suzano, en Brasil, ya están creando árboles modificados genéticamente, resistentes a herbicidas como el glifosato (nombre comercial «Roundup», de Bayer-Monsanto) o cuya madera ha sido modificada para contener una cantidad especialmente elevada de celulosa. Esto requiere aún más herbicidas. Los efectos en la naturaleza de manipular genes arbóreos son totalmente inciertos e incontrolables.
Son "desiertos verdes", una industria al aire libre
El objetivo de estas plantaciones es obtener de forma rápida y barata grandes cantidades de madera industrial, pasta de papel, pellets de madera o carbón vegetal. Las plantaciones forestales no se rigen por criterios ecológicos, sino que se orientan exclusivamente a la máximización del beneficio de manera despiadada. Los habitantes de las zonas afectadas describen las plantaciones forestales como desiertos verdes.
Con frecuencia, se ven afectadas también las culturas tradicionales de los pequeños agricultores y los pueblos indígenas, diversificadas y ricas en estructuras que eran su medio de vida.
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Contaminan la naturaleza con pesticidas
En las plantaciones forestales se usan grandes cantidades de herbicidas, fungicidas e insecticidas. Antes de establecer el monocultivo, se elimina con herbicidas toda la vegetación. Generalmente con glifosato (Roundup de Bayer-Monsanto). Los suelos entre hileras de árboles se mantienen libres de maleza con más herbicidas durante los años que dura la plantación.
Sin equilibrio natural, en los monocultivos las plagas de insectos y hongos tienen vía libre. Faltan depredadores y competidores, especies animales y vegetales que mantengan a raya a insectos y hongos. Las frecuentes plagas se combaten con insecticidas y fungicidas, fumigando desde aviones y helicópteros envenenando extensas áreas.
Por ejemplo, el grupo papelero Veracel en Brasil, empresa conjunta del grupo finlandés-sueco Stora Enso y el grupo brasileño Suzano, aplica al menos 17 pesticidas diferentes en sus casi 1 000 kilómetros cuadrados de monocultivos industriales de eucalipto. Incluyendo sulfluramida, la bifentrina y el imidacloprid, altamente tóxicos y prohibidos en la UE.
Ocupan grandes extensiones y desplazan comunidades
Las plantaciones forestales requieren grandes extensiones de tierra. Se instalan en el Sur Global, donde es fácil y barato apropiarse de millones de hectáreas. Para ello, se talan bosques, se destruyen otros ecosistemas naturales como sabanas, praderas tropicales y humedales, o se expropian tierras campesinas. Se confunde a la opinión pública, describiendo estas tierras como 'degradadas o sin uso'. Sin embargo, en estas tierras viven a menudo pueblos tradicionales e indígenas estrechamente vinculados a la naturaleza. El desplazamiento o expulsión de sus tierras ancestrales es posible cuando las autoridades no les han concedido derechos ni títulos de propiedad.
Solo en Brasil, los monocultivos industriales de eucalipto se extienden por más de 8 millones de hectáreas (¡casi el tamaño total de Portugal!) ; otras 1,9 millones de hectáreas están cubiertas de pinos y 0,5 millones de hectáreas de otras especies arbóreas.
El grupo brasileño de papel y celulosa Suzano explota en este país sudamericano alrededor de 1,3 millones de hectáreas solo de plantaciones de eucalipto (2020). Suzano cuenta en total con 2,4 millones de hectáreas de tierra en Brasil.
En Chile, Paraguay, Brasil, Sudáfrica, Uganda e Indonesia —en todo el mundo— los habitantes de los bosques se oponen al acaparamiento de tierras para plantaciones madereras industriales. Frente a fuerzas privadas de seguridad contratadas por las empresas, y ante abogados y funcionarios públicos que incumplen sus obligaciones —por desconocimiento o por corrupción—, las personas afectadas lo tienen extremadamente difícil.
Empobrecen y erosionan los suelos
En las plantaciones forestales, los suelos se empobrecen por el uso desequilibrado de nutrientes y la ausencia de otras plantas y animales. Con frecuencia, la superficie queda cubierta por una gruesa y en gran medida estéril capa de hojas de eucalipto, agujas de pino o tiras de corteza. Estas agujas y hojas se descomponen muy despacio y contienen aceites esenciales que inhiben el crecimiento de otras plantas; además, contribuyen a la acidificación del suelo y del agua.
La maquinaria pesada empleada para el cultivo y la tala compacta y destruye la estructura delicada del suelo. Esto es crucial: el suelo no es solo 'tierra', es un hábitat extremadamente complejo e importante cuya estructura y fertilidad son fundamentales para el crecimiento de plantas y árboles.
Alteran el ciclo del agua
Los bosques naturales y otros ecosistemas almacenan y filtran el agua de lluvia. Como enormes esponjas, retienen el agua de lluvia en la hojarasca, epífitas, musgos, ramas y troncos y en la gruesa capa de humus; allí, el agua se acumula y se libera lentamente.
Así, los bosques conservan la humedad, alimentan arroyos, ríos y acuíferos, regulan el ciclo del agua, ayudan a mitigar sequías y atenuar inundaciones tras lluvias torrenciales, refrescan el clima por la evaporación y favorecen nuevas precipitaciones.
La industria de la madera y la celulosa no planta según criterios ecológicos, sino exclusivamente económicos: busca el máximo volumen de madera en el menor tiempo posible. Las especies utilizadas, como el eucalipto y el pino y sus variedades de crecimiento rápido, demandan mucha agua y nutrientes, por lo que a menudo se aplican fertilizantes.
Las plantaciones forestales industriales son hileras interminables de árboles de la misma edad y porte, con poco follaje. Toda la vegetación del suelo se elimina mecánicamente o se destruye con herbicidas. La capa de hojarasca que cubre los suelos es fina y, en gran medida, estéril por los aceites esenciales que contienen las hojas de eucalipto y las agujas de pino; así no puede formarse una capa de humus gruesa.
Cuando llueve, las gotas caen directamente al suelo, por donde el agua se escurre sobre la superficie, en vez de infiltrarse. Al almacenarse muy poca agua en la vegetación y al ser insuficiente la capa de humus, solo se filtra una pequeña fracción del agua al suelo. El suelo deja de funcionar como depósito de agua y esta deja de alimentar manantiales y arroyos.
Por eso, los monocultivos de árboles suelen alterar y perjudicar el ciclo del agua. Le roban agua a la naturaleza, provocando el secado de arroyos, ríos y acuíferos.
Aumentan el riesgo e intensidad de incendios
En la mayoría de los monocultivos forestales, el riesgo de incendio se dispara en épocas de sequía. Las plantaciones se secan con rapidez, por la falta de vegetación del suelo —arbustos y árboles pequeños— que puedan retener la humedad. Además, los suelos, compactados por la maquinaria pesada o desecados mediante zanjas de drenaje, apenas absorben agua.
La enorme acumulación de madera, ramas y hojarasca convierten las plantaciones en auténticas bombas de relojería. Además, muchas especies arbóreas utilizadas en los monocultivos —eucaliptos y pinos— contienen abundantes aceites esenciales o resinas altamente inflamables por lo que una sola chispa basta para desatar llamas incontroladas.
En los monocultivos se producen con frecuencia incendios catastróficos y difíciles de extinguir. Ejemplos notables son los devastadores incendios de 2017, en Portugal, donde las plantaciones de eucaliptos y pinos ardieron arrasando amplias zonas y pueblos, costando decenas de vidas humanas; alrededor de Berlín, en Brandeburgo, ha habido en los últimos años incendios de varios días, poniendo en peligro localidades y requiriendo evacuaciones de población.
Nos exponen al cambio climático
Los bosques naturales, como ecosistemas diversos que son, resisten al cambio climático gracias a su biodiversidad y a las innumerables interacciones entre las especies. Se van adaptando gradualmente a las condiciones cambiantes. Los monocultivos —especialmente con especies arbóreas no autóctonas o exóticas— tienen, por el contrario, grandes dificultades para la adaptación climática: apenas resisten el calentamiento global y los fenómenos meteorológicos extremos asociados a él, como las sequías y las tormentas.
El ejemplo de Europa: en nuestro continente, gran parte de los bosques de hayas y de frondosas mixtas han sido reemplazados por monocultivos de abetos y pinos. En Alemania, ambas especies representan casi el 50 % de la «superficie forestal», cuando naturalmente solo ocuparían un pequeño porcentaje. Los abetos, de raíces superficiales, son derribados por el viento, se debilitan con las sequías, sufren plagas masivas de insectos y mueren en grandes extensiones. Los insecticidas que se utilizan contra las plagas perjudican aún más al medio. En las sierras de altitud media como el Harz, hay extensas zonas de abetos muertos.
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Emiten más CO₂ del que capturan
Los ecosistemas naturales son importantes sumideros de carbono. No solo en la vegetación, sino sobre todo en los suelos, con capas de humus que alcanzan varios metros de espesor, se almacenan enormes cantidades de carbono.
Muchos promotores de plantaciones afirman que sus monocultivos capturan grandes cantidades de dióxido de carbono (CO2) y, por lo tanto, contrarrestan el calentamiento global. Estas 'plantaciones de carbono' suelen financiarse a través del comercio internacional de CO2 y, a menudo, se subvencionan con fondos públicos.
En la práctica, ocurre lo contrario: la tala de vegetación natural y la conversión a monocultivos degrada los suelos, descompone la materia orgánica y libera CO2 a la atmósfera. A menudo, mucho más del que capturan. Los promotores de las plantaciones omiten este hecho en sus cálculos.
A diferencia de los bosques naturales, el carbono no se retiene a largo plazo en las plantaciones. Al talar los árboles para aprovechar su madera, en pocos años o décadas, el follaje, ramas y ramitas se descomponen rápidamente liberando el CO2.
La madera de los troncos, se transforma en productos: de corta duración como pasta de papel y cartón; muebles, que suelen sustituirse al cabo de pocos años; y madera para la construcción de viviendas, que tampoco almacenará el carbono de forma permanente, ya que los edificios se derriban cada vez antes.
Destruyen el paisaje
Cuando los bosques, ecosistemas naturales o tierras agrícolas tradicionales se reemplazan por monocultivos de árboles, el paisaje cambia drásticamente. La diversidad visual de la naturaleza se transforma en cuadrados monótonos, en los que se alzan filas interminables de árboles idénticos. Parecen laberintos que no ofrecen variedad, donde nadie quiere pasear ni detenerse.
Generan poco empleo y destruyen medios de vida
Las plantaciones forestales industriales se gestionan para maximizar rentabilidad, lo que significa poco personal, elevada mecanización y uso de pesticidas. Los árboles se talan, desraman y cortan con maquinaria pesada de cosecha. Los troncos se apilan para transporte. Esto genera muy pocos puestos de trabajo.
Al contrario: frecuentemente, expulsan a los pequeños agricultores e indígenas de sus tierras ancestrales para dar cabida a estas plantaciones, destruyendo muchos puestos de trabajo y medios de vida ya existentes.
Generan falsas expectativas de rentabilidad
Empresas, fundaciones y cooperativas promocionan plantaciones de árboles México, Panamá, Brasil e Indonesia como supuestas inversiones ecológicas y financieras sostenibles.
En la práctica, fracasan sistemáticamente: condiciones de suelo, clima y ecología mal evaluadas provocan plagas, inundaciones, incendios, mala gestión y conflictos con comunidades. La producción no alcanza la cantidad prometida ni la calidad esperada de madera; pueden llegar a faltar clientes y los ingresos calculados son exagerados.
Un ejemplo real es el de la empresa ShareWood Switzerland AG, con sede en Zúrich, que desde 2007 comercializa inversiones en plantaciones de teca, eucalipto y balsa en Brasil. Su madera de balsa resultó invendible por problemas de calidad. Propuso a sus inversores triturar los árboles e incorporarlos al suelo. Actualmente en quiebra, la fiscalía suiza la investiga por presunta estafa comercial y competencia desleal.
Otro caso es el de Prime Forestry en Panamá, cuyos rendimientos se financiaban con nuevos inversores. Cuando este entramado financiero se derrumbó, los gestores se dieron a la fuga.
Las complejas estructuras jurídicas de diversas empresas, fundaciones y cooperativas nacionales y extranjeras hacen difícil de comprender los negocios relacionados con las plantaciones forestales y complican la recuperación de las inversiones y la reclamación de indemnizaciones en caso de problemas.
Engañan con certificados forestales y de madera
La organización de certificación FSC (Forest Stewardship Council, Bonn), ha certificado millones de hectáreas de plantaciones forestales industriales como 'bosques gestionados de forma responsable'. Sin embargo, como hemos descrito, los monocultivos no son bosques ni representan gestión sostenible.
Las plantaciones certificadas suelen ocupar terrenos que originalmente estaban cubiertos de bosques. En ellas se utilizan pesticidas y en muchos casos, existen conflictos por la tierra con pequeños agricultores y pueblos indígenas.
Según Salva la Selva, el FSC lleva a cabo greenwashing a favor de la industria maderera: es un engaño a los consumidores que confían en los productos certificados.
CONCLUSIÓN
¡Las plantaciones industriales de árboles no son bosques! ¡Necesitamos selvas y bosques vivos, no desiertos verdes certificados!
No caigas en el engaño del lavado verde o "greenwashing".
Queremos ecosistemas naturales.
Más tierra fértil y menos eucalipto
Para satisfacer nuestro consumo de papel, en Brasil talan selvas tropicales, expulsan a la población y desplazan la agricultura. Firma la petición.
Imaflora/FSC, 2021. Relatório de Auditoria de Certificação de Manejo/Gestão Florestal. Seite 6 - 10 a) bis r) Uso de pesticidas desde a auditoria / ano anterior: https://fscglobal.my.salesforce-sites.com/servlet/servlet.FileDownload?file=00P4y00001l3V19EAEx

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